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sábado, 8 de abril de 2017
La precisión es el único estándar que importa.
Noche apaciguada ya no me cobija. Despierto, y veo ante mi una valla que superar. Y después un reto, que me dejó analizar y no fallar de nuevo. Cuando parece que el círculo se cierra te das cuenta de que ya no puedes escapar. Nos dedicamos a pivotar sobre nosotros mismos, creímos que iluminábamos más que todos los focos de la sala. Y creímos bien. Lucimos más que cualquier estrella, hasta que llegó el eclipse. Aún veíamos las flores crecer y dejé de sentir las heridas de mi espalda. Te debo un diploma. Le diré a la luna que no se sonroje noches como esta, el hecho de estar roto no impide crear experiencias. Pregúntale a los grandes poetas. Yo me voy, dejando paso al amanecer, y al crudo aroma de un transporte que huele a cerrado. Nunca he sido bueno rimando, pero tampoco miento. Y cumplí con la tarea, no para quieto el capullo. Dejo a parte las tiritonas forzadas buscando la calma que me proporciona la victoria. Pero el que gana una batalla no tiene por qué ganar la guerra. Lo leí en algún libro, le tengo que buscar. Otro de los placeres de la vida es el olor a papel tintado. Deja de mirar así la pantalla. Seguiré creando veneno paralizante, para sólo disfrutar. Dudo seriamente de qué es una obra de arte.
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