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viernes, 8 de noviembre de 2013

Open your eyes, look up to the sky and see.

Dime lo que ves. Campo de serenidad, que me calma constantemente, lloviendo, tronando o con su sol de justicia. Noche y día, naranja al amanecer o rojo al atardecer, y hasta a veces como lo quieras ver. Pero relaja. Te llena de aspiraciones, lo miras y lo miras y cada vez te parece más infinito, y quieres parecerte a el. Yo creo que eso de "cuando te enfades, mira al cielo y cuenta hasta diez" no busca que pares y recapacites, su sentido original era mirar a ese gran azul y fascinarte. Y duele bastante que, desde tu habitación, no puedas percibir ni si quiera la estrella polar, por ese intento que hemos hecho los humanos en las calles de llenarlas de farolas en un vago intento de parecernos a las estrellas de allá. Porque desde ahí se iluminan mis días y mis noches, y con bastante claridad. ¿Cuantas noches habré pasado ya sin más luz que la de la luna y las estrellas? Demasiadas para contarlas. Pero, pasará lo que pasara, aunque lo agujereemos, lo traspasemos, salgamos de el o lo llenemos de mierda, no se va. El sigue ahí.

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